21/8/17

RESEÑA #90: EL LIBRO DE ARDAN


RESEÑA #90: EL LIBRO DE ARDAN


¡Hola, hola, hola!
 Después de las atrocidades del jueves pasado, decidí que me saltaría la entrada del fin de semana para poder contribuir, de algún modo, a los días de luto. Algo que no ayuda en nada, lo sé, pero para mí tuvo sentido. Me parece atroz. Atroz e inconcebible que haya gente que haga cosas tan horribles como atropellar por el mero placer de matar a gente.
 Sin olvidar esos momentos horribles, he decidido traer una reseña de una de las novelas que más me gustaron el año pasado – no en vano le di un 5/5 –. Tal vez hablar de novelas no ayude en nada pero, oídme (leedme), cualquier cosa que pueda arrancar una sonrisa, que pueda hacer que nos abstraigamos aunque solo sea unos segundos, vale la pena, ¿verdad?
¡Dentro reseña!
Ficha técnica


Título: (Vanir 7) El libro de Ardan
Autora: Lena Valenti
Editorial: Vanir
Número de páginas: 490
ISBN: 9788494050381
Precio: 21,90€

Sinopsis

Solo hay un camino para Ardan de las Highlands: la venganza. Él es un einherjar, un guerrero de Odín que sufrió una grandísima traición a manos de la mujer que estaba destinada a ser su compañera eterna. La valkyria le pisoteó el corazón y, debido a ella, lo enviaron a la Tierra a proteger a los humanos; solo, con el alma destrozada y un odio latente en su interior. Carece de sentimientos, carece de miedo y su espíritu rezuma despecho y ansia por devolver el dolor sufrido. Ahora, tiene la posibilidad de obtener aquello que más anhela: someter a Bryn y hacerle pagar por partirle el corazón. Sin embargo, mientras se ciega en su furia, no solo podría perder de vista la misión de encontrar a Gungnir, la lanza de Odín; también podría perder el respeto de aquellos que le rodean y la oportunidad de recibir una explicación por parte de la Generala que podría cambiarlo todo. Pero, ¿cómo puede escuchar un hombre al que nada le ofende impunemente?
Bryn La Salvaje lleva eones flagelándose por la decisión que tomó y que afectó de lleno a Ardan. Sus palabras lo alejaron de ella, rompieron su kompromiss y congelaron las alas de su einherjar, el hombre por el que hubiera dado su vida a ciegas. Las alas de ambos están heladas y azules. Pero ahora, ella y su ejército de valkyrias se encuentran en Escocia luchando por recuperar el último de los totems divinos de los dioses que fueron robados del Asgard. La Generala estará, contra su voluntad, en manos del duro highlander, pero no rendirá hasta demostrarle al escocés déspota y dominante que puede someter su cuerpo, pero nunca su alma ni su corazón. Una palabra de Ardan la devolvería al Valhall sin honores; y una pregunta del guerrero de ojos caramelo podría cambiar la relación entre ellos. ¿Le importará ella lo suficiente como para preguntarle por qué hizo lo que hizo? ¿Aprenderá Ardan que no se puede someter a alguien tan disciplinado y honorable como Bryn?
El Midgard empieza temblar. La tierra se agrieta y de sus entrañas nace una terrible rebelión. Los portales se empiezan a activar uno detrás de otro y Gungnir, todavía extraviada, no debe clavarse en ninguno de ellos. La guerra está a la vuelta de la esquina.
Pero no hay batalla más sangrienta que la que estalla entre dos guerreros de alas congeladas. El hielo seco de ella puede quemar tanto como el despachado fuego de él. Que arda el Midgard.

Mi opinión

Se acerca el final y, con él, los disgustos de verdad. El mundo está patas arriba. Los vanirios luchan con garras y dientes, al igual que los berserkers, contra todo el ejército de Loki. Una batalla cada día. Una pequeña victoria, una sonrisa que asoma a los labios de los que se saben con la verdad en sus manos. Y Bryn, nuestra generala, la jefa de las valkyrias, la mujer de hielo, la inmisericorde; está hecha un flan. Salvar a Róta supuso un respiro, sincerarse con ella la mejor de las bendiciones y, pese a todo, nuestra generala sigue siendo una esclava.
Dejamos el equipo de Caleb para centrarnos en nuestros particulares enviados por los dioses. Pero no dejamos el equipo de forma definitiva. La historia transcurre en la misma línea temporal que la anterior, y es que mientras Mizar comprende lo que es vivir a costa de sus malas decisiones, Bryn tiene que enfrentarse a Ardan. A Ardan y a su furia.
Mi lado cruel quedó más que satisfecho, al menos durante las primeras páginas de la novela. Para mí, la generala merecía el desprecio de Ardan, su ira, sus consecuencias; y es que, como muy bien le hace saber el señor de las islas irlandesas, ahora queda lejos de la mano protectora de Freyja.
Debo decir que fue todo un acierto el prólogo de la novela. Allí vemos a un Ardan dulce, fogoso y entregado; a una Bryn tierna, casi delicada y, ante todo, tremendamente feliz. Y ahora lo que vemos son dos almas en pena, cargadas de veneno. Puede que Bryn no hiciera la elección más acertada pero, oídme, yo hubiera hecho lo mismo. Exactamente lo mismo. Los dioses le dijeron que debía cumplir su promesa de cuidar de Róta y ella tuvo que quedarse en el reino de nuestra ya conocida diosa. Porque las promesas no se rompen. Porque la familia es lo último que se abandona. Pero, ante todo, porque esa mujer, esa condenada mujer de hielo, machacó su corazón por hacer lo correcto. Si eso no le vale el título de santa, yo me retiro de forma definitiva. Viva el caos.
El caos. Dios, el maldito caos. Pensaba que la historia más tormentosa era la de mis queridos Menw y Daana. Lo creía a pies juntillas. Qué equivocada estaba. Ardan es un hombre roto, alguien incapaz de amar. Sus alas están tan frías como las de Bryn. Y ahora va a tomarse su merecida venganza. La reduce. La reduce a la mínima expresión de sí misma. La más fuerte de las valkyrias, la más sádica, la más letal… convertida en una sumisa sin voz ni voto. Una sumisa a la que pasea con un collar de perro, a la que usa a su antojo siempre preocupándose por su propio placer. Antes de que os volváis todas locas, todos locos, antes de que os llevéis las manos a la cabeza y me digáis que estoy enferma por intentar justificar todo esto, haced el favor de atender a lo que digo (escribo). Ambos son guerreros, ambos pueden acabar con la situación cuando quieran. Bryn sólo tiene que volverse contra él para que él mismo pronuncie las palabras que la mandaran de cabeza a los brazos de Freyja. Y si ninguno de los dos lo hace, si ninguno de ambos cede, es sólo porque aún queda algo por lo que luchar.
Supongo que, al hablaros de sumisión, todo el mundo asume que Ardan es un amo. Un amo con un club propio y una sumisa particular de lo más… inocente. Una humana encantadora que bebe los vientos por nuestro guerrero. El problema es que Ardan ya no siente más que cariño o afecto por las personas. Adora a su sobrinito, eso sí. Y ese niño adora a Bryn. La quiere con cada célula de su cuerpo. Joder, si me paro a pensarlo, ese niño se merece una medalla por aguantar tanta mierda. El crío que apareció hecho polvo al lado de Róta, el niño que habló con Caleb para que no se lo llevaran al club que montó Adam en honor a Ruth. Y yo no puedo más que suspirar de amor por todos ellos, porque son maravillosos.
Bryn era un monstruo. Un monstruo convertido en mártir, una pobre sombra de lo que fue antaño. Sus hermanas lo saben, los hombres que luchan junto a sus hermanas se huelen el problema… pero Ardan no quiere escucharla. Censura cada opinión, cada aportación, y si no le cose la boca es sólo porque, aunque no lo soporte, el jefe de los Einherjars es Gabriel, el Engel, y no él.
Quiero dejar claras dos cosas. Ninguna actitud que Ardan tenga hacia Bryn es abusiva. Él tiene límites, al igual que ella, aunque sí debo decir que algunas veces quise matar a ese maldito gigante pelirrojo por dejar que sus compañeros, entre ellos Theodore, hablara tan mal a la generala. El hombre ha contado su versión, ha dicho lo que creía real. Y ahora la generala está sola. Sola a excepción de su particular familia.
No es ningún secreto lo que ocurre de verdad. Ella no puede contar la verdad a no ser que él se la pregunte – maldita Freyja – y él, sencillamente, ya no quiere saberlo. Orgullo y mala leche. Eso es lo que pasa. Y eso es lo que hace de esta novela algo tan especial. Aquí hay sentimientos, emociones a flor de piel. Hay dolor a cada paso, comentarios que abren el corazón y lo desgarran. Por eso he adorado cada palabra. Cada una de las palabras, cada uno de los escenarios. Me da igual si él es un amo, si ella acepta ser una sumisa. Me da igual, porque lo que importa, lo que importa de verdad, son los pequeños detalles. Importa ver cómo Ardan se envara al ver a su valkyria ayudando a Mizar con el acelerador para abrir el portal – ya os he dicho que ocurre de forma paralela –, importa ver cómo ella adora al sobrino de su Einherjar. Importa, porque eso es lo que demuestra que ahí, entre ellos, aún flota algo.
Traiciones. Traiciones a casco porro. Planes homicidas y batallas. Eso es Vanir. Leedlo. Por Dios, leedlo de una vez.

Y ahora, bienvenidas y bienvenidos a la Zona Spoiler

Estuve a punto de llorar. Llorar de impotencia. No podía creerme que Bryn fuera poco más que un pedazo de mierda con patas – hablando claro, mal y pronto – a ojos de todo el mundo. No podía creer que Ardan tuviera los kiwis lo suficientemente grandes como para obligarle a disculparse, cuando ella no hacía nada malo. No podía creerlo, pero sí entendía su despecho y su rencor. Ay, la venganza. Mala compañera de viaje.
Descubrir el retorcido corazón de Ardan, podrido a lo largo de los años, me fascinó. Hace lo imposible por ningunear a la mujer de la que está irremediablemente enamorado. Y si lo hace, si intenta conseguirlo, es sólo porque en el fondo, se desprecia tanto a sí mismo como a ella. No hablo de maltratoyo les cortaría los huevos, a todos esos asquerosos maltratadores –, hablo de una historia de fantasía en la que la última palabra la tienen los dioses. Hablo de jugadas rastreras, de traiciones y confusiones. Hablo de dos guerreros que podrían desgarrarse el uno a la otra. Pero, sobre todo, hablo del perdón. El perdón. Qué difícil es, pedir perdón. Aceptar que te has equivocado, que no has entendido la situación. Exponerse, ser débil.
La historia, para mí, es un diez. Un maldito diez. Lloré la prematura muerte de Bryn. La lloré sin descanso, porque para mí ahí acababa todo. Y es que no hablo de dejar de existir, hablo de la muerte de una valkyria, volver al Valhall con todos los sueños hechos trizas. Cae un peón en batalla y todos lloran; pero cae la reina y tiembla el tablero. Bryn, la generala, la invencible. Fulminada. Fulminada por la única persona que de verdad puede hacernos trizas… nosotros mismos. El llanto de una valkyria, su desgarro. Lo viví. De verdad que lo hice. Y por eso lloré. Lloré porque, aunque Ardan la mandó de vuelta a los brazos de la diosa, me dije a mí misma que ya no había más que hacer.
Redimirse, hincar las rodillas en el suelo y aceptar la verdad. La asquerosa y repulsiva verdad, el bicho de los tentáculos largos. Ardan siente que se muere cuando comprende lo que pasó. Y se lo merece. Por Dios que se lo merece, el muy idiota. Se lo merece, repito, porque no preguntó ni una sola vez, porque pensó que ella era un animal sanguinario, lo más interesado del maldito universo… Porque no luchó ni por ella, ni por él. No luchó por ellos.
El regalo de Freyja, la segunda oportunidad. Maravilloso. Chapó. Chapó una y mil veces. No voy a decir ni una palabra más. Sólo que, cuando Irlanda empieza a arder, con ella arden los guerreros. Pasiones, traiciones y amores. Sobre todo amores. Leed el libro. Leedlo.

Con todo, El libro de Ardan es una novela redonda. Con personajes que roban el corazón, que ponen los pelos de gallina y que, ¡cómo no!, nos dejan en jaque cada dos por tres. Lena Valenti nos regala una historia preciosa, una de las que hacen que lloremos. Leedla, leedla, leedla.
Nota: 5/5

Citas

(…)
Nadie debía sentirse atemorizado por nadie. Ella nunca pretendía intimidar, por lo hacía. Había seres que se sentían tan inseguros y mal consigo mismos que la firmeza de otros les molestaba. Y con eso no podía luchar.
(…)


(…)
-No me mates, por favor. – Sus ojos negros se abrieron, asustados –. Quiero vivir. – Y se atrevió a parecer arrepentido –. Yo puedo cambiar.
El highlander negó con la cabeza.
-No. Una vez leí que todos aman la vida, que todos la quieren para sí. Pero solo el hombre valiente y honrado aprecia más el honor. Tú ya no eres nada de eso, porque prefieres vivir manchado, vampiro. Y para ti, elijo la muerte.
(…)


(…)
-¿Y te llamas señor? ¿Señor gilipollas? – preguntó Bryn provocadora.
(…)


(…)
Una vez, Bragi el poeta, hijo de Odín, le dijo que las palabras elegantes carecían de sinceridad y que, en cambio, las palabras sinceras y duras nunca eran elegantes para quien las sufría. Pero había algo que sí aprendido y era que era el clavo ardiente al que intentaba sujetarse para recuperar el respeto de ese hombre rencoroso: las apalabras más groseras son mejores que el silencio.
(…)


(…)
-Se me ha escapado – dijo acabando de masticar un trozo de manzana.
Ni Bryn ni Ardan le creyeron.
Ella miró al escocés y parpadeó.
-¿Qué harás ahora? – Enarcó una ceja rubia platino –. ¿Vas a dejar que Theo humille a Johnson por lanzarle un poco de comida? ¿Vas a azotar a Steven por dejar ir a Johnson? ¿Les digo a todos que se vayan bajando los pantalones? – le susurró.
(…)


(…)
¿Aquello era dolor? La ausencia de daño, el no sentirse el cuerpo mientras se te resquebrajaban el alma y el espíritu. Aquello sí era dolor.
(…)


(…)
La vida no se medía por las veces en las que uno respiraba, sino por aquellos momentos que te dejaban sin aliento.
(…)


(…)
-Porque se enamoró de ella. El hombre que jamás se ha enamorado vive en un infierno. El que se enamora vive en una condena eterna.
(…)


(…)
Bryn siempre decía que quien vivía sin disciplina, vivía sin honor. Ella lo mantuvo hasta las últimas consecuencias. Si era la más fuerte de los guerreros que se hallaban en St. Molio’s Cave, protegería a aquellos que consideraba más débiles. Y eso hizo.
(…)


(…)
-Pienso que desperdiciamos el tiempo que tenemos. – Sí. Ellos dos lo habían desperdiciado con recriminaciones, con venganzas y rencores; y el tiempo estaba contando. Un día se agotaba; y ya no podías decir todo lo que te hubiera gustado decir; ya no podrías besar a aquella persona que te hubiera gustado besar eternamente; ya no podrías expresar, mediante palabras el amor que sentías por ella. Porque la vida la marcaba el dios del tiempo, y si se agotaba, todo se apagaba. Y Bryn no quería vivir a oscuras –. Nos creemos eternos. Incluso nosotros, que somos supuestamente inmortales y mucho más fuertes que los humanos, creemos que viviremos para siempre. Creemos que si nos equivocamos, el tiempo nos dará la oportunidad de solucionar nuestros errores en una mañana que podría no llegar. Y yo ya no quiero esperar a solucionar mis problemas. El mañana es efímero.
(…)


(…)
-Maldito cabrón, hijo de una mierda de orco y un enano… – murmuró Bryn buscándolo con la mirada.
(…)


(…)
¿Y qué era él?
¿Un amo?
¿Un guerrero?
¿Un líder?
¿Un einherjar?
No. Esos últimos días se había dado cuenta de que había sido solo un hombre perdido en su propio mar de amargura e insatisfacción. El odio y el rencor le habían hecho soberbio y vanidoso, demasiado orgulloso de todo lo que lograba y demasiado confiado de aquellos que le juraban fidelidad.
Y se había dado cuenta, demasiado tarde, de que la fidelidad no era ni una palabra ni un juramento. Nadie le obedecería por ser Ardan.
La fidelidad era una esencia y una actitud. Un principio.
(…)



12/8/17

RESEÑA #89: ÁLBUM DE BODA



RESEÑA #89: ÁLBUM DE BODA

¡Hola, hola, hola!
 Hoy os traigo la primera reseña de la saga Cuatro bodas, libros que, como os comenté en el Wrap Up de julio – podéis echar un vistacito haciendo clic aquí –, me gustaron mucho. Pero no me enrollo más… ¡dentro reseña!

Ficha técnica


Título: (Cuatro bodas 1) Álbum de boda
Autora: Nora Roberts
Editorial: DEBOLSILLO
Número de páginas: 352
ISBN: 9788499088600
Precio: 9,95
Sinopsis

De niñas compartieron juegos, secretos, estudios y sueños. Ahora han montado una empresa para conseguir que el día soñado por cualquier pareja sea perfecto. El éxito está asegurado si toda la organización cae en las expertas manos de Parker, las fotos en las de Mackensie, el banquete y la tarta en la de Laurel, y los arreglos florales en las de Emmeline. Si alguien sabe cómo planear la mejor boda es este cuarteto de amigas. Pero saber organizar una boda por semana no garantiza encontrar el amor, que siempre aparece cuando y donde menos lo esperas.

Mi opinión

Hacía tiempo que no leía lo que se puede considerar, a todas luces, novela rosa. Supongo que el hecho de haberme saturado, de haber alcanzado, digamos, “el cupo”, contribuía a que esto pasara. ¿Y por qué? Porque quien abusa, se cansa. La verdad es que de no ser por uno de esos días horribles en los que no quieres ver ni oír a nadie, no hubiera empezado el libro. ¿Sabéis ese momento en que no os soportáis ni a vosotros mismos de la mala leche que cargáis? Pues os puedo decir, amigas y amigos, que leyendo Álbum de boda a mí se me terminó por escapar la sonrisa.
Mackensie, Emmaline, Laurel y Parker son amigas desde la más tierna de las infancias. Cuatro niñas que jugaban <<al día de la boda>>, casándose entre ellas, con los perros, los gatos y, algunas veces, incluso con Del, el hermano de Parker. Lo que empezó siendo un juego inocente, cargado de sentimientos “bonitos”, deriva, muchos años después en un próspero negocio como lo es Votos.
Tenía mis reservas. No soy nada fan de las bodas. De hecho, soy de esas personas que consideran que el matrimonio es una monumental pérdida de tiempo – y de ganas, entre otras cosas. Pero eso es otro tema –; y, pese a todo, no he podido evitar devorar esta historia. Nuestra protagonista, Mac, es una fotógrafa de primera, algo que descubrió siendo muy pequeña al ver una mariposa azul sobre un diente de león. Lo sé, parece un detalle absurdo, brutalmente cursi, pero tiene su explicación. El caso es que Mac viene de una familia desestructura. Su madre, Linda, es el ser más despreciable de este mundo – y puede que del siguiente también, ¡qué demonios! –, una mujer que vive por y para ella misma, una señora que pide cantidades desorbitantes de dinero a su hija, haciéndole sentir poco más que una mota de polvo. Horrible, ¿verdad? Pues hay más. Su padre no aparece. Nunca. Un señor cuya única aportación fue regalar una cámara Nikon a su hija cuando era una cría.
Todo esto viene a cuento, no creáis. Lo último que quiero es hacer que nadie pierda el tiempo. Todo lo mencionado más arriba son los agregados que, en conjunto, convierten a Mackensie en alguien con pánico al compromiso. Y ahora diréis, ¡qué cobarde, la chica! No, para nada. A nivel personal, os diré que yo entendí a la perfección todas las reacciones de nuestra protagonista, no porque yo odie a mi familialos quiero mucho a todos, palabrita –; sino porque el tema de confiar en los demás me pilla de cerca. No es sencillo dejarse llevar por los sentimientos, no a nivel emocional e íntimo. Estoy segura de que hay muchas personitas que ahora dicen que sí para sus adentros. Dejando de lado mis pensamientos, volvamos con la trama.
Votos tiene que organizar, entre otros cientos de enlaces, la boda de Sherry y Nick, pero el bueno de Nick tiene una operación de urgencias y es Carter, hermano de Sherry, quien acude a la cita de presentación con las chicas. ¿Qué os parece si os digo que Carter, el encantador y dulce Carter, es un profesor de literatura que lleva toda su maldita vida enamorado de Mackensie? Y sí, digo toda su vida, porque el flechazo le dio en el instituto.
No había leído nada de Nora Roberts, al menos no hasta ahora. Había escuchado y leído, eso sí, muy buenas críticas. ¡Y con razón! La autora tiene un estilo directo, uno que no da pie a dormirse en los laureles. Creedme cuando os lo digo, porque yo soy de las que ponen los ojos en blanco con todo el tema de las florecitas, los pasteles y demás pormenores de una boda y, palabrita, no me he aburrido en ningún momento. Cada página es una delicia.

Y ahora, bienvenidas y bienvenidos a la Zona Spoiler

Decía que lo de Carter me parecía muy fuerte. ¡Y es verdad! ¡Por el amor de Dios, lleva muchísimo tiempo enamorado de esa chica! ¿No os parece del todo surrealista que alguien pueda colarse por otro alguien de forma tan fulminante? Ojo, porque el chico es un amor. Un chico dulce, adorablemente patoso, alguien que se pone nervioso y habla, a mi juicio, incluso demasiado. Y Mackensie es un huracán. Una chica que no para quieta, que arrasa con todo a su paso. La calma y el nervio, la paz y el caos. Una delicia, eso son Mac y Carter.
La relación de Mac y Carter no es fulminante, no sucede “de repente” – pese a que Carter en ese aspecto tenga mucho por lo que callar –. Lo suyo surge pasito a pasito, con paciencia por parte de nuestro profesor y con miedos por doquier de nuestra adorable fotógrafa. Miedos justificados, no creáis. Ella sólo quiere pasarlo bien, disfrutar de la atracción que siente hacia el listillo de Carter, ¿y él? Piensa en un futuro. ¡Un futuro, por amor de Dios!
Algo que he disfrutado, y mucho, de este libro es la lección de amor propio que esconde. Linda es una madre horrible, una mujer mezquina, miserable y egocéntrica. Una señora que pide tres mil dólares a su hija para irse a un maldito balneario después de una de sus infinitas rupturas. Pero eso no es todo. La muy desgraciada tiene las narices de intentar sacarle dos mil más de los grandes. Un sinfín de abusos que Emma, lParker, Lauren y Del denuncian ante Mac. Y eso es algo que me fascinó. El poder no sólo de la amistad, sino el de la honestidad y la justicia. Nadie tiene que sentirse obligado a ayudar a nadie, menos bajo esas condiciones opresivas. ¿Qué derecho tiene esa mujer, por muy madre suya que sea, de pedirle tantísimo dinero? ¿Por qué narices, digo yo, no lo gana ella y se lo gasta en lo que le salga de las malditas narices?
Como decía, adoré a Carter. Adoré sus pequeños detalles, sus torpezas y su tranquilidad. Su tranquilidad. La madre que lo parió, ¡ese chico es una maldita balsa de aceite! Pelearse con él, como muy bien comprende Mac, es imposible. Todo razón, tranquilidad… Para que os hagáis una idea, un tío borracho le pega un señor puñetazo y él ni siquiera se lo devuelve. Debe de ser que yo soy muy temperamental, pero a mí nadie me da un puñetazo y se va de rositas. Como poco, acabamos todos en urgencias con la cara hecha un mapa, ¡qué demonios! Pero no, eso no va con nuestro profesor de literatura.
Pasando a otros temas, me gustó que Nora Roberts no hiciera un uso abusivo de esa “relación anterior” de Carter. Me explico. Es una constante, en muchos libros románticos, tirar de la ex novia o el ex novio. En este libro, desgraciadamente, se usa el tópico; ahora bien, la autora le da un enfoque casi elegante. Lo asume como algo que pasó, algo que no deja de ser un zumbido molesto, y que, sencillamente, pasa. Porque cuando se rechaza a alguien, lo normal es aceptar la derrota.
No quiero contar mucho más, ya que la historia tampoco es precisamente sorprendente. Eso sí, no quiero desaprovechar la oportunidad de recomendaros que os empapéis de la dulce historia de Mac y Carter. Si bien nuestro profesor no casa con el prototipo de protagonista masculino que suele darse en estos libros, es un punto de ruptura muy pero que muy interesante.
Antes de acabar con la reseña, quisiera daros algunas impresiones acerca de nuestras futuras protagonistas. Decía que me veía, en algunos puntos, muy reflejada con Mac. La chica es un completo desastre pero, oídme, eso no es necesariamente malo. Digo esto porque Parker me pone enferma. ¡No se puede ser tan absurdamente perfecta! Su obsesión por tenerlo todo listo siempre, nieve, truene o granice; por poco no me provoca una úlcera. ¡Venga ya! ¡Qué viva un poco! Emma y Laurel, gracias a Dios, son más distendidas. La primera es la guapa del grupo, por decirlo de alguna manera, la chica dulce que se dedica a las flores. Y Laurel… Laurel es la leche. ¡Vaya mala uva, se gasta la tía! Si queréis un momento genial, yo me quedo con lo que hacen con el coche de Linda. Ahí os lo dejo.

Con todo, Álbum de boda es una novela bonita, de esas que te dejan con una sonrisa en los labios al cerrar el libro. Nora Roberts hace un trabajo, sin duda, maravilloso. No dudéis en darle una oportunidad.

Nota: 4/5